Héctor Lavín: “Sin perder un solo minuto”


Por Héctor M. Lavín Fernández
Portavoz del PRC Camargo

“Hay una rama de la Antropología que centra su estudio en el conocimiento del ser humano a través de sus costumbres, relaciones parentales, estructuras políticas y económicas, urbanismo, medios de alimentación, salubridad, mitos, creencias, etc. etc. etc.

Pues bien, con toda la humildad posible y siendo absolutamente consciente de mi más que precaria formación en la mencionada disciplina, me atrevo a intentar utilizar este vehículo científico para desentrañar y plasmar una reflexión personal a toda esta caótica situación a la que nos arrastran aquellos que se han autoproclamado salvadores de esa infeliz sociedad nuestra.

Si toca hablar sobre nuestras costumbres es más que evidente que han sufrido una brutal metamorfosis en los últimos años. Ya no somos aquellos animales sociales y gregarios de tiempos pretéritos.

Hoy cada vez más nos mantenemos encerrados en nuestras casas, bueno en las casas de los banqueros, que tan amablemente nos prestan por una hipoteca desmedida hasta que llegue el momento del desahucio.

Ya no compartimos las jornadas de descanso junto a nuestros semejantes en torno a una mesa donde disfrutar de alguna comida o refrigerio tratando de arreglar el mundo. Los temidos impuestos indirectos y las subidas desorbitadas de los mismos nos confinan al aislamiento y el ostracismo.

Ya no podemos disfrutar del socorrido cine, teatro, concierto y demás manifestaciones culturales que a golpe de 21% se han convertido en artículos de lujo. ¡Mejor así! Ignorantes y sin capacidad de reunión, que se habrán creído estos españolitos de a pie.

Nuestras relaciones parentales hace ya mucho tiempo que han saltado por los aires. Hay más de dos millones de hogares en los cuales todos los miembros en edad de trabajar se encuentran en paro.

Los jóvenes no tienen ninguna posibilidad de acceder a un trabajo digno y de estabilidad contrastada a través del cual poder abandonar el nido y comenzar su duro, durísimo que hacer por esta vida que les hemos regalado mediante mini-jobs y demás lindezas laborales.

Aumentan exponencialmente los asquerosos actos de violencia de género, abuso de menores, contra la propiedad privada, la integridad personal y los derechos humanos. Contra la solidaridad y todos los derechos que fueron siendo conseguidos en el devenir de los tiempos.

Qué decir sobre los medios de alimentación y salubridad que nos están preparando a golpe de impuestos y privatizaciones. Cada día son más las indefensas criaturas y sus mayores que no tienen posibilidad de realizar más de una comida caliente al día. Aquellos que dependen de la solidaridad y la buena voluntad ciudadana para subsistir al día a día. Para alimentarse, para vestirse, para disponer de un digno aseo y acondicionamiento personal que los haga sentirse aún personas dignas y respetables.

Que ya no son consideradas dignas de recibir asistencia sanitaria por encontrarse en una situación que dista mucho de ser irregular, simplemente porque no tienen posibilidad económica de hacer frente a los copagos sanitarios y demás impuestos asesinos dictados contra los demás mientras los del dinero privatizan los hospitales que hemos pagado entre todos para que sus legítimos vástagos no tengan que mezclarse con semejante ralea de desarropados.

Aquellos que dejaron de ser considerados como personas con derechos y han sido condenados a penosas condiciones de vida por padecer una de esas llamadas enfermedades raras, tener movilidades reducidas ó sus necesidades han de ser cubiertas por terceras personas.

Los que padecen y sufren a diario las secuelas de su enfermedad crónica y las personas mayores que con sus escuetas pensiones no pueden pagarse los medicamentos o los desplazamientos a sus centros de salud, cada día más escasos. ¿Para qué lo necesitan estos? No pensarán que son como nosotros.

Bien, no he dejado para el final por error la parte que corresponde a las estructuras políticas y económicas, ni al temible urbanismo. Es evidente que esta es la única de las partes que se mantiene inalterable contra viento y marea. Férreo, sólido, inquebrantable.

Nos han machacado con la idea de la burbuja inmobiliaria y nuestra falta de capacidad para discernir nuestras posibilidades y nuestras necesidades. Claro que se han producido excesos, claro que siempre alguien está dispuesto a jugárselo todo a cara y cruz, pero no hemos sido nosotros los causantes de toda esta maldita situación.

Soy el primero en reconocer la poca capacidad de reacción y de las escasas posibilidades de variar el rumbo de esta descontrolada bola de nieve formada por aquellos poderes políticos, económicos y jurídicos carentes de conciencia y llenos de avaricia y miseria que arrasa todo cuanto se encuentra su paso.

Creo firmemente en ese spot de televisión donde se rinde homenaje a las personas que entregando su tiempo y sus esfuerzos, sus relaciones personales y familiares, sus ilusiones y sus ganas, trabajan sin descanso por cambiar las cosas sin ningún ánimo de lucro personal. Sin otra intención y planteamiento que ser capaces de aunar esfuerzos entre sus vecinos para que cada día le demos la vuelta a esta penosa situación.

Repito, creo firmemente que aún somos capaces de dirigir nuestro destino. Pero debemos empezar ahora y no perder ni un solo minuto. De lo contrario ellos se harán más fuertes y se sentirán más invencibles.”