La Asociación de Vecinos de Maliaño rechaza el cambio de nombre propuesto para el Aeropuerto


Por Jesús Rivas Hierro, presidente de la Asociación de de Maliaño.

Veo la prensa y me hago cruces, porque nunca pensé que llegaríamos a ver más esta situación: cuatro elementos (ni siquiera amigos) con maliciosa intencionalidad especulan y conspiran para ponerle un nombre a algo que luego, pase lo que pase, quedará así para la historia, sin posibilidad de enmienda, para generaciones y generaciones, llegando a considerarse como histórico lo que no es y ejemplar lo que tampoco.

¿Juegan al golf la mayoría de los cántabros? No. ¿Les gusta ese juego (no me atrevo a llamarlo deporte) a la mayoría de los cántabros? Tampoco. ¿Fue el mejor jugador de Cantabria alguna vez un desprendido mecenas, promotor de causas perdidas, o altruista conocido en alguna parte del mundo? Pues, que se sepa, tampoco. ¿Cuál fue más importante entre sus hechos vitales, el triunfo en Augusta o casarse con una Botín?…

El Ayuntamiento de Camargo reunido en pleno solicitó formalmente hace ya décadas el cambio de nombre del único aeródromo de nuestra región para que se llamara Aeropuerto de Parayas – Cantabria, un nombre más acorde con la actual situación política española donde , además de un banco, es sólo un municipio que comienza justo donde termina Camargo, es decir, fuera en todo caso, del aeropuerto regional y por lo tanto no tiene sentido que se llame como la ciudad de la que no forma parte, sobre todo sabiendo que, aunque a algunos les pese, ya no es ni provincia ni región.

Tal cambio nominativo fue respondido una y otra vez con negativas en todos los ámbitos oficiales, alegando que no se podían modificar las cartas de navegación y de que costaría un dinero “inalcanzable” (en aquella época en que se ataban los perros con longanizas).

En el Alto Maliaño, pueblo al que se arrancó la gigantesca playa de Parayas y sus criaderos de marisco y molusco para rellenar las pistas donde aterrizaran los avioncitos de los señoritos de la capital, hubo mala cara de algunos por colocarse alguna señal de tráfico indicativa de “Aeropuerto de Camargo” como mero indicador local de la dirección de salida de sus enrevesadas calles, hasta que fueron retiradas o destruidas.

Recordemos que Maliaño no cobra nada por tener este aeropuerto, ni de impuestos, ni de obras, ni de servicios, ni de descuentos, ni siquiera de contratas (salvo una mínima preferencia, discutida y poco utilizada, de los taxistas locales en la fila para dar servicio a los viajeros, algo que hubieron de ganar ante la Justicia).

Ahora también se impide aparcar en el cementerio local por estar ocupado por viajeros que no pagan canon y, para más inri, ya ni la cabalgata de Reyes del pueblo utiliza este espacio como escenario de fiesta.

Muchas y grandes son las fincas y propiedades locales perjudicadas, hace décadas, como “no edificables” por la sola presencia del aeropuerto y su franja de seguridad.

Ya nadie entra a trabajar aquí por ser del pueblo, como antaño, ni siquiera te dejan ya segar la hierba como compensación al pueblo que soporta ruidos, limitaciones y peligros por acoger un monstruo que no le renta nada…

Si alguno de nosotros viera en un folleto extranjero “Aeropuerto de -Oeste”, como vemos las cuevas de Altamira junto al Guggenheim en las campañas de promoción de la vecina comunidad , nos llevaríamos las manos a la cabeza y correría sangre de tinta condenando tal afrenta, cuando en París, Roma o Barcelona lo hacen y no pasa nada.

Pero ahora, como hay una cosa que los modernillos llaman “postureo” que siempre se llamó aquí “mamoneo”, consistente en que “si no hago todo lo que veo, todo me meo”, voy y aprovecho que alguien quiere en Madrid poner un honor a Adolfo Suárez y le homologo con un super-ídolo al que la mayoría de la población infantil y jubilada cántabra ni conoce, ni quiere conocer, ni siquiera lo va a necesitar nunca, ni para que le llamen culto, ni educado, ni moderno, el muy conocido en su pueblo: Severiano Ballesteros.

¿Es representativo de Cantabria este señor? ¿Es más representativo que el propio nombre de la comunidad autónoma que no figura en el nombre del aeropuerto suplantado por el de una ciudad o municipio donde no está ubicado? ¿Es algo que puede identificarnos a los cántabros como primera imagen al llegar a esta tierra? ¿Es algo que tenga que ser recordado generación tras generación como icono o como historia? ¿Es más importante recordar a Seve que a Concha Espina, que a Matilde de la Torre o, ya puestos, que el mismo Emilio o Marcelino Botín?

Si tan querido es este deportista como dicen ¿no sería más apropiado ponerle su nombre a un campo de golf, a un trofeo prestigioso o a una fundación médica que se sustente con su herencia, que no ponerle el nombre del aeropuerto de todos los cántabros donde la inmensa mayoría ni ha oído hablar de este deporte ni lo considera un modelo de vida a promocionar?

¿No sería más merecedor Torres Quevedo o Menéndez Pelayo de esta distinción, o las mismas cuevas prehistóricas o la mar y la cordillera que nos representa a todos?

Y van y nos publican que todos los grupos políticos, todos, (repito: TODOS) están de acuerdo en el Parlamento Cántabro… ¿Es esto verdad? Juro que si es cierto nunca más volveré a votarles, a ninguno de ellos.

¿Es posible que el regionalismo cántabro consienta que el cambio de nombre del único aeropuerto de la región sirva para mantener el de Santander y no el de la región, para premiar a un señor cuyos méritos deportivos ya le hicieron bastante rico y famoso en vida como para necesitar ahora promoción después de muerto?

¿Es de izquierdas (pregunto al PSOE) fijar para toda la vida y para generaciones futuras el nombre de este señor que cuando jugaba bien ganó millones y luego, cuando ya no ganaba torneos, se dedicó a diseñar campos de golf anexos a macrourbanizaciones al más puro estilo de la burbuja inmobiliaria? ¿Era este señor una persona representativa de toda la sociedad o de una parte de ella, más bien pequeña y privilegiada?

Y al PP que tanto gusta de ahorrar ¿Cómo que hay que gastar millones de euros en sólo cambiar un nombre que en realidad no cambia pues se seguirá llamando Santander, más largo y más complicado?

¿Quién pagará todo lo que cuesta este cambio de nombre? ¿Tendremos que seguir viendo la palabra Santander en rótulo gigante en una institución pública ubicada fuera de la ciudad? ¿Tendremos que soportar en el futuro que nos digan que se aprobó por unanimidad y que ya no se puede cambiar?

Algunos empezaron por presumir un día de que Pedro Velarde había nacido en Muriedas, como si eso fuese un mérito, luego le pusieron su nombre a un colegio, más tarde le hicieron una fiesta con un par de soldaditos que disparaban salvas de ordenanza para jugar a las batallas, luego trajeron desfiles militares y ahora lanzan cañonazos cada dos de mayo por la calles de mi pueblo, no les importa que sea mentira, que aquí, en Camargo, nunca hubo Guerra de la Independencia, nunca nos atacaron los franceses, nunca nos gustó enseñar hazañas bélicas a nuestros hijos, ni tampoco que nos inventaran una historia falsa que no necesitamos, como no necesitamos para nada que el aeropuerto de Cantabria se llame más que con el nombre de dónde está, Parayas, para que nadie se pierda y si alguien lo quiere como un bien a potenciar, que se lo lleve a su municipio y nos devuelva la riqueza expropiada sin compensación.

Los vecinos de Maliaño no queremos que se llame Santander ni con nombres de persona este aeropuerto que debe ser de todos, no sólo de los señoritos del postureo capitalino.

Y no nos importa que digan que somos pueblerinos, nos sentimos orgullosos de lo nuestro, de lo que es verdad no de lo inventado.